* Cada cual atiende su juego

    Aunque todos desean concentrar la artillería de este nuevo -y van.- beneficio a la empresa Casino Club en la cabeza de la jueza subrogante Marta Abregú de Padilla, lo cierto es que detenernos a pensar un segundo nos demuestra que una vez más la mano invisible de la economía tucumana ha ordenado los actores de turno para que cada cual atienda su juego, y que la única inversión radicada en la provincia durante el gobierno Alperovich no pierda dos millones y medio de pesos.
    Los concejales, como siempre al servicio de la comunidad, sancionaron la ordenanza excluyendo a las casas de juego de azar de la obligación de abonar los $700 mensuales por maquinita, conforme las órdenes de la "mano invisible" que regula nuestra economía.
    La sociedad, que desconfía de cada paso que dan sus representantes municipales, alzó la voz reclamando coherencia y equidad.
    El intendente Amaya, ante la presión popular, no estuvo dispuesto a perder la buena imagen de capataz que la dádiva del gobierno central le permitió construir, y vetó parcialmente la ordenanza, no sin antes escuchar de la mano un "tranquilo que esto lo resolvemos en los federales".
    El Gobernador Alperovich, pizarrón y tiza en mano, empezó a dar "instrucciones", comenzando por los concejales, a los que ordenó respetar el veto del intendente, sabiendo las jugadas por venir.
    El tambaleante magistrado Raúl Parache, también hizo los deberes, y sabiendo que las papas queman, partió de vacaciones no sin antes dejar como reemplazante a la Dra Padilla.
    Casino Club cumplió su rol conforme lo acordado. Sostuvo que la empresa no es tucumana, sino de la provincia de Chubut, por lo que sostuvo la competencia de la Justicia Federal, que la municipalidad de la ciudad no puede legislar en materia de juegos de azar y otras yerbas jurídicas.
    La Dra Marta Abregú de Padilla, sin explayarse demasiado en argumentos jurídicos, y en 48 horas, admitió la competencia federal, distraída quizá por las luces de los carteles del complejo, olvidó que la empresa tiene domicilio local en Av. Adolfo de la Vega (lo que debió llevarla a litigar a la Justicia Provincial), y otorgó la medida cautelar saneando las arcas de los -más que nunca- capitales chubutenses.
    Por último, el municipio, mediante su fiscal Leonardo Szachniuk, hizo la mejor jugada: La dejó pasar. No apeló la cautelar invocando "razones de estrategia procesal", que a ningún letrado le parecen sostenibles.
    Tucumán, como desde hace tiempo, sigue estancada en los primeros casilleros del tablero, mientras Casino Club, la delincuencia, la inflación, la deuda pública y la corrupción hace rato llegaron a la meta.
    ¿Y el centro de convenciones? Retroceda dos casilleros por ingenuo.

    * Texto escrito desde CI

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